
La mayoría de nosotros hemos crecido viendo al gran Miguel Indurain. Hemos crecido viendo sus grandes gestas, viendole ganar 5 Tours de Francia, 2 Giros, Campeonatos del Mundo o medallas de oro olímpicas. Incluso, si tirais de RAMS de memoria, os acordareis del gran revuelo que se organizó con aquel intento de Miguelón de batir el record de la hora. Y doy fe que lo batió. Antes, un poco más pequeños, oíamos a todos los mayores que se subían a una bici, eso de: " Mira, mira, soy Perico". O la típica frase de cuando pasabas con el coche al lado de un sufridor ciclista y le soltabas: "Ánimo Perico, que ya llegas".
Estareis de acuerdo conmigo, que este país llamado España, es muy de ciclismo. Aparte de un gran número de practicantes amateurs, las retransmisiones, ya sean radiadas o televisadas, congregan a un gran número de espectadores. Sí, ya lo sé. Muchos de ellos tienen la televisión encendida pero están durmiendo... lo sé. Los comprendo. Una etapa de montaña la puedo aguantar, pero una de llano no aguanto ni los primeros dos kilómetros.
A lo que viene esta entrada, es a denunciar que entre todos están matando a un gran deporte. El último caso ha sido, ni más ni menos, que el del sucesor de Indurain, el ganador de 3 Tours y vencedor de las tres Grandes del ciclismo, Alberto Contador.
Resulta que ha dado 50 picogramos de clenbuterol en sangre. Según los expertos médicos entrevistados en estos días, ese resultado es tan ínfimo que solo cuatros laboratorios del mundo podrían detectar esa cantidad. Y por consecuencia, son inútiles para mejorar la capacidad deportiva de un ciclista. Luego ya viene la historia del solomillo infectado y demás detalles que ahora no me ocupan.
Lo preocupante es que la UCI ( al ciclismo lo que la FIFA al fútbol) no hace nada para detener esta lócura. En el caso de Contador, ha tenido más de dos meses ( a finales de julio es la prueba en la que dá doping) para preguntar, investigar y aclarar todo este entuerto. Dos meses en los que ha estado rascándose los cojones para que, al final, filtre el positivo a la prensa.
Yo recuerdo, hace más de una década ya, cuando yo jugaba a voleibol, unos cambios de reglas un tanto curiosos. Resulta que en el voley sólo anotabas cuando ganabas puntos con tu saque. Resultado: partidos de cuatro y cinco horas de duración, parrillas de televisión totalmente caídas y la consiguiente retirada de este deporte de las programaciones televisivas. Y sin tele... no hay dinero. Algo parecido le pasa al ciclismo.
Las bicis dan espectadores pero, para que engañarnos, más dá la telenovela de turno o el españa directo de cada día. Por tanto, si la tele sigue pagando al ciclismo, ella es la que manda. Cada vez las etapas son más largas, más duras (como mi poll...) y todo ello sazonado con una hora límite. Sí los ciclistas no son capaces de hacer todos los kilómetros en un tiempo ya saben a lo que acogerse. Al doping!!! Ah! y sí no lo hace este lo hará áquel. Al final se trata de como todo trabajador... de buscarse y ganarse las habichuelas.
Para mí, la solución es única y clara. O todos ponen de su parte o el ciclismo se va a la mierda. Los organizadores de las carreras no pueden seguir con esos recorridos terroríficos. Deben bajar los kilómetros y la dureza de las etapas. La televisión debe ser flexible y no exigir a los ciclistas esfuerzos sobrehumanos durante tres semanas de ronda. Y los corredores deben de saber que el pan de hoy es el hambre de mañana. En un fúturo vendrán las consecuencias físicas de tantos pinchazos.
Estareis conmigo que un deporte tan bonito, sacrificado y que nos regala, en televisión, paisajes increíbles, no merece ser pisoteado por cuatro inútiles que en su vida han dado más de tres pedaladas.









